¿Por qué en la noche tengo grandes ideas que parecen esfumarse en la mañana? ¿Por qué al despertar no conservo el impulso de hacer las cosas que me propuse mientras intentaba dormir?
Bien dice el dicho: no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Sin embargo, mientras intento darle forma a mis hábitos, muchas veces mi mente se satura de ideas que parecen tener tanto potencial que podrían cambiar mi vida por completo. No es una exageración; es exactamente la sensación que tengo en ese momento.
Pensaba que era una creativa de la noche, pero resulta que es más ciencia…
En la búsqueda de una respuesta o, de algún método que funcionara como detonante para despertar con ese mismo impulso, recurrí primero a la ciencia. Quería entender si esto tenía una explicación lógica y, sobre todo, confirmar que no se trataba de algo excepcional. Porque no soy la única que tiene ideas extraordinarias por la noche que, con la luz del día, pierden fuerza o incluso parecen absurdas.
Ahí fue donde encontré la estrecha relación entre la neurociencia y la creatividad. Nuestro cerebro funciona a través de ondas: durante el día predominan las ondas beta, responsables de procesos cognitivos como la toma de decisiones, el razonamiento y la resolución de problemas cotidianos.
En cambio, en estados de relajación o somnolencia entran en juego las ondas theta, fundamentales para el aprendizaje y la memoria. Estas aparecen en momentos de silencio, generalmente por la noche o cuando estamos desconectados del mundo exterior. Creo que es en esta frecuencia donde mi mente accede a un estado de creatividad más libre. De hecho, diversos estudios señalan que en estos estados de baja frecuencia cerebral se favorece el pensamiento divergente: una forma de ideación intuitiva, flexible y original, muy popular hoy en día, especialmente en redes sociales como TikTok.
Aunque el cerebro también transita entre ondas alfa y gamma, comprendí que durante la noche, en ese estado intermedio entre la vigilia y el sueño, mi mente se siente más genuina. No está preocupada por agradar, cumplir expectativas o responder a miradas ajenas, algo que sospecho, aparece desde los primeros pensamientos de la mañana.
Cuando aparece el consciente
Esto me llevó a preguntarme: ¿son las noches responsables de que tenga tantos proyectos inconclusos? En parte, sí. Pero no porque las ideas sean buenas o malas, sino porque en ese estado creativo la mente no se limita. El verdadero obstáculo nunca ha sido la falta de ideas, sino cómo, al despertar, las someto a filtros sociales, racionales o externos que terminan debilitándolas.
Por otro lado, tampoco significa que todas las ideas nocturnas estén destinadas a convertirse en libros, películas o grandes proyectos. Tal vez su función sea simplemente mantener viva esa vibración creativa que, eventualmente, permita que surja una mejor idea. Una que logre equilibrar razón e intuición, sin sofocar ese momento tan particular de la noche.
Y entonces aparece otra pregunta inevitable: ¿qué pasa con los hábitos?
En este punto he estado leyendo Hábitos Atómicos del escritor estadounidense James Clear, un libro que ha vendido más de veinticinco millones de ejemplares desde su publicación en 2018. Una vez más, muchos buscamos transformar hábitos poco favorables en hábitos positivos y sostener aquellos que nos acercan a la persona que queremos ser.
Este libro, que personalmente me ha gustado, se suma a mi pequeña biblioteca de lecturas de autoayuda. Con el riesgo de sonar generalista, creo que la mayoría de estos libros coinciden en lo esencial, aunque lo planteen desde perspectivas distintas: intuitivas, espirituales, científicas, sociales o experienciales. El cambio de hábitos, y la construcción de una versión ideal de nosotros mismos, no perfecta, es al final, la suma de lo que hacemos cada día, impulsados por la disciplina, la motivación, el amor o cualquier motor personal.
Me resulta especialmente interesante el enfoque de Clear de aspectos como el sistema y la identidad. Que más allá del resultado, lo verdaderamente transformador es aquello que vamos edificando de nosotros mismos en el proceso.
Entonces, ¿qué tiene que ver todo esto conmigo, con mis ideas nocturnas y con ese mañana que se desdibuja antes de bajar de la cama?
Concluyo que el impulso creativo es momentáneo, propio de ese estado de reposo, pero también puede ser un detonante. Quizás esos pequeños destellos, aparentemente efímeros, esté el inicio de ideas que, con el sistema adecuado, tienen el potencial de transformar no solo una vida, sino incluso el mundo, bueno quizás demasiado optimista.

