Vivir en cámara lenta: una revolución personal en un mundo acelerado

Quería volver a escribir algo muy personal, de esos textos que disfruto aunque nadie los lea.Y entonces, una mañana, mientras peleaba con mi gato por el único rayo de sol que entra al salón, me di cuenta de algo: llevo un tiempo viviendo de una forma muy especial.

Y no, no es que el tiempo esté pasando más lento para mí, pero sí que lo estoy viviendo intensamente, empecé a ser consciente del silencio y de los ruidos que se cuelan, de cómo se va completando el paisaje de un instante y el flujo de sentires de la vida diaria.

Cuando todo empezó… o tal vez lo noté

Hace unos días, mientras caminaba a casa de mi hermana con un tupper de su comida favorita que hizo mi mamá, levanté la cabeza y miré la noche, como si no la hubiera visto antes, como si hubiese olvidado cómo se veía y lloré.

¿Cuántas veces levanto la cabeza del móvil mientras camino? —me pregunté. Realmente no son tantas, normalmente voy haciendo cosas en el teléfono, de todas formas el día parece no alcanzar y debo adelantar, sin embargo, ese día algo cambió. 

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Levantar la cabeza y salir de la burbuja

Fue como salir de una burbuja,  no había música en mis oídos, unas gotas de lluvia casi imperceptibles caían, escuché el pedalear de un hombre mayor que además, gritaba a los peatones por no respetar la señalización de la ciclovía, los autobuses pasaban con algunas sillas vacías, las persianas de los negocios de los bajos ya estaban abajo y hasta se encendió el sensor de la entrada de la puerta número 15. 

Miré hacia mi izquierda y la amplia avenida que atravesaba por el paso cebra me dejaba ver la ciudad iluminada, no era interminable ni tampoco la calle estéticamente más bonita, pero la sentí así.  

Del cielo ya no caían las gotas, pero me resbalaban las lágrimas, la gratitud me invadió. Si hubiera podido hacer lo que mi corazón anheló en ese instante, me hubiese puesto de rodillas a agradecer, pero entonces sentí vergüenza, pensarían que estoy loca. Ya sé que la vida se vive mejor cuando te olvidas del que dirán, pero honestamente no soy tan espontánea.  

El lugar que nos elige

Caminé y las piernas me flaquearon, me senté y pensé: ¿Por qué Dios escogió esta ciudad para nosotros?, claro hablo de que junto a mi familia llegamos a Valencia y aunque siempre la he visto hermosa, nunca antes me pregunté por qué ésta entre tantas, si nos preguntaran quién la escogió no podríamos decir otra cosa más que fue Dios. 

Muchas veces pensamos que cuando Dios elige un lugar para nosotros, no habrá adversidad en éste y claramente, he tenido muchos días donde he sentido que un lugar no me acoge, pero creo que fue su mejor elección y también que un día le dejaré para volver a mi raíz o a cualquier otro lugar que elija para mí. 

Quedarse en los instantes

Un acto tan sencillo me sacó por un momento de la rueda; el día sigue sin alcanzar. Nada cambió afuera, el tiempo no se ha ralentizado, pero yo he ido quedándome en instantes dentro de la rutina, como cuando elegí tantas veces quedarme en la tormenta con la misma intensidad. 

Tal vez nada de esto sea algo nuevo, solo que suelo ir demasiado rápido para pararme a apreciarlo. 

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