Un reconocimiento, una confesión y una crónica de aceptación.
En el transcurso de mi vida he tenido muchos trabajos y siempre la búsqueda genera pánico. El mundo actual tampoco hace fácil la tarea de encontrar un lugar donde podamos dar lo mejor de nosotros mismos.
Recién se estrenó una película que llevaba esta búsqueda por mantenernos vigentes en nuestra vida laboral al extremo. En ella, Park Chan-wook nos muestra no solo cómo hacer buen cine —algo que ya sabíamos—, sino también una crítica a lo salvaje que se ha vuelto este proceso en la vida moderna.
La ansiedad también se entrevista
En este punto terminas pensando: estoy peleándome no solo con personas por destacar mi perfil, sino también batallando con la cantidad de plataformas para hacerlo. El proceso no se queda en que vean tu perfil y te llamen para una entrevista, sino que, cuando vas, debes aprobar pruebas físicas o intelectuales, de acuerdo con lo que estés apuntando.
Luego vienen las pruebas psicológicas. Las entrevistas se convierten en un test de personalidad donde obtienes tantos diagnósticos como personalidades.
Para prepararnos buscamos en redes sociales y basta una sola búsqueda para que nuestro algoritmo nos ataque con todo el feed relacionado, algo que nunca podremos seguir al pie de la letra.
Reconozco que me desenvuelvo mejor con la escritura que con las palabras. El encuentro, que es de naturaleza incómoda, pasa a ser un desafío donde los nervios llegan a paralizar el cuerpo y bajar el ritmo cardíaco. Muchas veces preferimos aguantar en un lugar donde no podemos dar lo mejor de nosotros, no porque no tengamos con qué, sino por el miedo de atrevernos a algo que nos exija lo que tenemos.
Dentro del universo narrativo que creó el muy buen cineasta en No Other Choice —inspirado en la novela El hacha de Donald E. Westlake (1997)—, el protagonista toma decisiones delictivas e inmorales ante una crisis laboral en el sector de fabricación del papel, provocada por la llegada de tecnologías que han reemplazado gran parte del trabajo humano. Difiero bastante de aquel hombre, pues yo prefiero correr a otro lugar en el que desde el principio sé que no me sentiré cómoda, pero donde no me provoca la ansiedad de dudar de mí misma.
Decisiones tomadas desde el temor
¿Me entiendes? Creo que la mayoría de mis trabajos han sido en lugares que no me exigen, porque me dan pánico las entrevistas. Revisando mi pasado me pregunté si todas mis decisiones más lamentables fueron producto de este miedo. Por ejemplo, cuando me acercaba a la búsqueda de ese camino profesional hace muchos años, me rendí y abandoné la universidad. Llegó el insomnio, el miedo a no ser suficiente y a no saberlo todo ante los ojos de un reclutador que imaginaba como tenebroso, aunque no tenía ni idea de cómo fuera.
Hace unos días volví a sentir que debía salir corriendo ante este sentimiento de pavor. La ansiedad se anticipó solo con pensar que debo buscar hacer mis prácticas profesionales. Entonces no corrí, pero sí lloré (si eres mi lector, ya sabrás que soy bastante llorona).
Me estoy anticipando a los meses que tengo por delante. No hay valeriana que calme esta angustia; mi solución ha sido un paño de agua tibia, que a veces logra relajar. Me prometí poder sentirme así solo dentro de la habitación.
No ser suficiente…
Honestamente, fue más el miedo al arrepentimiento de haber cedido al impulso hace casi diez años. Hoy tampoco tengo idea de cómo hacerlo; si alguna vez la tuve, la zozobra me hizo olvidarla. Supongo que la clave siempre será ser mi versión más honesta. Sé que no encajaré en todos los perfiles, pero en alguno he de encontrar mi lugar.
Estoy segura de que siempre habrá espacio para todos y, si no lo encontramos, tal vez debamos crearlo. Aun así, el día que supere este miedo les compartiré algo más que esta simple crónica de desahogo. Y volviendo a No Other Choice, creo que lo que nos conecta a Yoo Man-soo, el protagonista, y a mí es el miedo: él, a perder todo lo que ha construido; yo, a no ser suficiente.


