Crónica del día 1. ¿Por qué regresar?
Siempre quedan cosas por hacer. Ese fue el sentimiento que me invadió el año pasado cuando vine a Seúl por primera vez. Aquel viaje fue un regalo del cielo, una oportunidad para reconectar conmigo misma en medio de una ciudad gigantesca que te envuelve, aunque a veces te haga sentir sola.
Hace un año me prometí volver. ¿Qué tiene este país que te hace regresar? Pueden ser muchas cosas. A mí me enamoraron sus calles angostas, unidas como pequeñas venas entre las grandes autopistas; sus montañas en medio de la ciudad; los edificios inmensos; el río que lo une todo a sus anchas; las luces que te seducen; la gente que, aunque no te entienda, sonríe; las cafeterías pequeñas con un encanto único; la comida diferente, pero con un toque occidental; los postres exquisitos. Quizás sea por los dramas que convierten cada rincón en una postal, la búsqueda de la cuna de la música que hoy conquista el mundo, la belleza a un nivel casi surrealista que provoca curiosidad, o las galerías creativas y los mercados que se encuentran por todas partes.
Todo suena un tanto romántico, pero, ¿qué sería de la vida sin unos ojos que la miren con amor?
¿Viajar sola a Corea del sur? Sí. ¿Subir una montaña sola? también, pero con precaución
Seúl está lejos de ser el lugar perfecto. La barrera del idioma hace que mis días sean un voto de silencio, y las diferencias culturales me provocan el miedo de ser irrespetuosa. Sin embargo, este silencio no es malo; al contrario, me permite conocerme un poco más: mis gustos, mis miedos. La mente tiene tiempo para desahogarse y construir nuevos sueños.
Aquí me siento más tímida de lo que soy en realidad, también un poco insegura, pero mucho más valiente. Hoy conquisté una montaña llamada Inwangsan. Y aunque solo fuera una colina, llegué a la cima. Lo hice sola, con la única motivación de apreciar el paisaje.
La montaña está en medio de la ciudad y es bordeada por la muralla de Seúl, que mantiene viva la historia de la dinastía Joseon. El tiempo parece pasar más lento. El sol se filtra entre los árboles, las escaleras facilitan parte del camino y las cámaras de seguridad te dan una sensación de tranquilidad. La ciudad se deja ver en cada pico, y desde la claridad de los edificios, las pantallas y el movimiento, el sol brilla hasta difuminarla en la lejanía, en tonos azules y grises que se convierten en siluetas.
Desde arriba, un gigante parece pequeño. Y estando allí, la vida me recordó que para soñar hay que creernos la montaña, para vivir hay que fluir como el río y para mantenernos humanos, hay que reconocer tanto nuestra grandeza como nuestra insignificancia.
Ser mujer y viajar sola me ha enseñado que la libertad también va de la mano del cuidado: siempre comparto mi ubicación en tiempo real con alguien, aunque esté al otro lado del mundo, nunca se sabe lo que pueda pasar.
El cansancio se olvida cuando la mente se centra en disfrutar un buen plato de comida
Después de escribir un par de estas líneas en la cima, con la timidez de recién llegada para probar comida, pero con la decisión tomada desde hacía meses ante la pantalla en mi casa, retomé camino con la motivación de una sopa de fideos, o kalguksu, hechos a mano por la señora Cho. Ella es famosa por haber conquistado a cientos o tal vez miles con su calidez, sonrisa y comida en la serie de Netflix Street Food: Asia y tiene su puesto en el Mercado de Gwangjang, uno de los más antiguos de Seúl. El kalguksu era todo lo que necesitaba mi cuerpo para recuperar la fuerza, su sabor fresco pero reconfortante, se complementa con el tradicional Kimchi, que es unos de esos gustos adquiridos que se hace amar a la antigua y poco a poco te va enamorando, entre los callejones que puedes perderte no solo por la cantidad de locales sino porque los olores te arrastran, estuve pensando en todas las veces que perdemos la oportunidad de descubrir grandes platos por dejarnos seducir por lo más famoso, la próxima vez, harè un ayuno que haga hambre y permita darme el placer de probar muchos más.
Aún era temprano, pero mi día terminó al mediodía. Con el sueño muy cambiado, volví a mi Airbnb para alimentar al jetlag y dormir toda la tarde, despertar después de un sueño profundo, sentirme pérdida y obligada a salir para confirmar si eran las ocho de la mañana o de la noche.



Eres inspiración mi Mari
Tu valentía
Tu capacidad de cumplir tus anhelos del corazón , hacen que cada vez te admire más .
Algún día quiero ser como TÚ .
Me encanta leerte 🧚🏽
Mi Marce bonita, gracias por siempre tomarte el tiempo de leerme. Estoy tan agradecida y sabes que también te admiro muchísimo, que fortuna y privilegio hacerlo desde el amor❤️.