La incomodidad de vivir como nos da la gana

Desde hace varios días tengo el sueño cambiado. Duermo cuando el sol empieza a aparecer y en la noche me debato entre aprovechar ese tiempo para escribir o quedarme bajo la pantalla hasta que el teléfono caiga sobre mí como demostración de que ese aparato no descansa si así lo quiero.

Sin embargo, a veces elijo ver la oscuridad y darle libre albedrío al siempre dispuesto pensamiento. De aquellas noches saltan ideas tan surreales que pueden llevar al efecto mariposa más inesperado, para bien, pero también para mal.

Cuando el problema era yo misma

Me ha costado desde que tengo uso de razón darme cuenta de que no me preocupaba tanto el qué dirán, porque en el fondo, lo que siempre me detuvo fue el qué pensaré de mí después de que haga esto. Un poco ególatra, lo acepto. Me he caracterizado por ser demasiado pensante, pero poco de actuar. Al menos hasta que hice una lista de cosas por hacer y las hice. Qué incómodo, al principio.

Todo empezó un día, hace un par de años, mientras scrolleaba (si se pudiera conjugar el verbo de esta manera) en redes sociales. Me salió algo sobre el poder del portal del 7, que se activaría el 7/7/2023, que sumado da un 7. Y aunque mi mamá ha sido siempre muy supersticiosa, yo he estado muy apegada a la construcción de vida como obra personal, acción y consecuencia, aunque Dios y la vida me han enseñado que muchas cosas son parte del camino del aprendizaje y no tienen una justificación en el ahora. Es parte de esa fe en la obra del ser poderoso en el que creo.

En fin, ese día, alejada de la superstición, o tal vez más creyente que nunca, y profundamente perdida con la vida, me puse a pensar sobre la misma cama en la que estaba anoche dando vueltas mientras pensaba el ritmo que tejería este texto: “No tengo nada que perder, estoy tan lejos de la vida que quiero vivir que tengo tantas alternativas como cadenas”.

Escribí cómo quería que se viera mi vida y fue específicamente eso: la mía, no la del resto.

El mundo dice constantemente que el fracaso es aprendizaje, pero el fracaso pierde poder cuando se vuelve tan positivo. Me gusta verlo como ese momento donde todo se cayó. Cuando no queda nada más que volver a empezar y esto significa una nueva forma de hacer las cosas. Claramente es horriblemente incómodo y doloroso. Nadie quiere sentir que la vida se derrumba, nadie quiere ver el suelo moverse y que caiga la ficción que hemos levantado porque sí, todo es una ficción: pura construcción mental y acuerdos con otros que creyeron lo mismo, un acto puro de sincronía colectiva.

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Parecía una muy mala idea…

En enero de 2024 tomé mi primera muy mala decisión a ojos de nadie más que yo misma. Tomé esa lista de cosas que haría si tuviera la posibilidad de construir la vida que quería, escrita en julio, cuando me rayé por cómo quería cambiar mi vida. No sé si realmente vibré con el poder de las frecuencias del universo. Lo cierto es que pensaba que estaba tan mal hecho lo que hice que guardé el secreto durante meses.

A mi mundo no le impresionó tanto como a mí, y es que gasté todo el dinero de mi liquidación en un viaje de 22 días a un país del que sabía lo que el cine, la televisión y el entretenimiento me habían ido dejando ver. No hablaba el idioma y tenía que sobrevivir sola todo ese tiempo.

Para una persona que entonces no sabía estar sola, ya todo estaba mal.

Los tiquetes llegaron y, antes de aterrizar allá, ya era otra persona. Me di cuenta de que la más incómoda con las decisiones que tomaba era yo misma. Ante cada pregunta de a quién le parecía mal que tomara esa decisión, la respuesta era la misma. Y dentro de un despertar que posiblemente vaya llegando con los años o con la acumulación de fracasos y aprendizajes, reaccioné ante la estructura que nos suele habitar.

Desde el privilegio de crecer y vivir en libertad, porque aunque mi mundo cuestione mis elecciones, tampoco puede hacer que yo las cambie, ellos también están buscando crear su propia vida a su manera. Esto que parece sencillo me hace no solo responsable, sino también individuo.

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La incomodidad de vivir una vida propia

Creo que tengo las normas muy interiorizadas, entonces actúo de una forma que se establece como el deber ser: no levantar la voz, vivir la vida planeada, moverme lo justo, encontrar un lugar de trabajo que sea estable como aspecto más importante aunque no me haga feliz, guardar el orgullo de que si me equivoco en una decisión no vuelvo porque hay que demostrar valor, callar porque no me rebajo ante el otro y vivir cada día como si tuviera la certeza de que voy a llegar a los cien años.

La contradicción está en que, aunque está todo eso tan interiorizado, siempre termino rompiendo todo cuando me siento muy cómoda, porque en la comodidad, la noche deja de ser pensante, el ritmo de creatividad baja y siento que me quiero morir.

Aunque la incomodidad conlleve ser constantemente novata y cuestione la forma de vida que estoy viviendo, me hace sentir viva.

No puedo olvidarme de lo que otros esperan, ni de la estructura de la vida que yo misma espero, me persigue constantemente el qué debería y el qué termino eligiendo, sin tener una respuesta hoy, no puedo sentirme más incómoda con la vida que vivo, pero en la incomodidad encuentro mi felicidad.

¿A quién le incomodan tus decisiones?

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1 comentario

  1. Marcela marcela Buitrago franco

    Amo leerte .🫶🏼🧚🏽

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